A finales de los años 70, el panorama de las motos deportivas vivía un momento de transformación. Mientras Kawasaki dominaba con su Z1000 y sus brutales 83 CV, Honda estaba tramando algo más ambicioso. Tras ganar cuatro veces consecutivas la mítica carrera francesa de resistencia Bol d’Or, la marca decidió llevar todo ese conocimiento de competición a una moto de serie. El resultado, presentado en el Salón de París de 1978 y comercializado en 1979, fue la Honda CB 900 F Bol d’Or, un nombre que honraba la prestigiosa prueba de 24 horas y que marcaría un antes y un después en el mundo del motociclismo.
Esta no era una moto cualquiera. Para los entusiastas de los años 80, la CB 900 boldor representaba el pico de lo que podía conseguir la tecnología japonesa en una moto deportiva de producción. Con 901 centímetros cúbicos y 95 caballos de vapor, superaba claramente la potencia de sus competidoras directas. La Kawasaki Z1000 quedaba atrás con 83 CV, y esa diferencia de 12 caballos era precisamente lo que Honda necesitaba para posicionarse como líder indiscutible en la categoría de superbikes.
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El motor: donde residía la verdadera magia
El corazón de la Honda CB 900 F era un tetracilíndrico en línea de cuatro tiempos que respiraba pura esencia de competición. Con su doble árbol de levas en cabeza y 16 válvulas, este propulsor derivaba directamente de las motos de resistencia RCB de Honda. Cada detalle estaba pensado para exprimir al máximo la potencia.
La culata fue diseñada para soportar altas revoluciones sin compromisos. Los pistones presentaban cabezas con huecos específicos que evitaban contacto con las válvulas, permitiendo una relación de compresión de 8,8:1 agresiva. El bloque de cilindros, fabricado en una sola pieza de aleación ligera, era la antítesis de la economía: ingeniería pura. Con cuatro carburadores de 32 mm alimentando el fuego, la CB 900 entregaba 95 CV a 9.000 revoluciones por minuto, junto con un par motor de 7,90 mkg a 8.000 rpm.
La cifra que todos recordaban era la velocidad punta: 218 km/h en las mejores condiciones, una velocidad que pocas motos de producción podían alcanzar en 1980. El consumo se mantenía en un razonable 6,2 litros por cada 100 kilómetros, lo que permitía una autonomía teórica de unos 320 kilómetros con el tanque de 20 litros.
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Chasis y suspensión: el equilibrio entre deportividad y usabilidad
Aunque el motor era espectacular, el verdadero genio de la CB 900 F Bol d’Or residía en cómo Honda había logrado domesticarlo en un chasis equilibrado. La estructura era un doble cuna en tubo de acero con una batalla de 1.515 mm, el mismo concepto que sus hermanas CB750, pero más refinado.
Lo que realmente destacaba eran las llantas “Comstar” de radios metálicos remachados. Esta tecnología, derivada de las carreras, permitía el uso de neumáticos sin cámara, una característica revolucionaria para la época. Las suspensiones eran totalmente ajustables: horquillas telescópicas de 37 mm con 160 mm de recorrido y un sofisticado sistema de doble amortiguador trasero con regulación completa de precarga.
El sistema de frenada constaba de tres discos Nissin: dos delanteros de 276 mm y uno trasero de 296 mm, equipados con pinzas monopistón. Un detalle crucial que muchos olvidan: el freno trasero no era simplemente un estabilizador, sino un auténtico decelerador capaz de contribuir significativamente a la frenada, algo excepcional para una moto de 235 kg de peso en seco.
El peso: el único rival silencioso
Con 235 kilogramos en vacío y 251 en orden de marcha, la Honda CB 900 no era especialmente ligera, pero su relación peso-potencia de 2,47 kg/CV era competitiva. El verdadero reto llegaba a baja velocidad: meter la moto en el caballete central requería técnica y fuerza. Una vez en movimiento, sin embargo, la dinámica cambiaba radicalmente. Los neumáticos estrechos, la suspensión precisa y los anchos semimanillares compensaban ese kilaje extra con una manejabilidad sorprendente.

Esta característica la hacía única: pocas motos de cilindrada tan elevada ofrecían tal combinación de potencia bruta con comportamiento accesible. La posición de conducción erguida y el asiento generoso confirmaban que Honda veía la CB 900 boldor no solo como arma deportiva, sino como máquina versátil de uso diario.
Rendimiento real: números que hablan
- Velocidad máxima: 218 km/h
- Aceleración 0-100 km/h: aproximadamente 4,4 segundos
- Consumo promedio: 6,2 litros/100 km
- Autonomía estimada: 323 km (con tanque lleno)
- Relación peso/potencia: 2,47 kg/CV
Estos números ubicaban a la CB 900 F en la élite de las superbikes de su generación. Solo la competencia más brutal de Kawasaki y algunas Suzuki podían rivalizar, pero la reputación de fiabilidad de Honda inclinaba la balanza a su favor.
La segunda vida: del coleccionismo a la personalización moderna
Los propietarios actuales de una Honda CB 900 boldor se enfrentan a una decisión fascinante: restaurar la joya original o transformarla en algo completamente nuevo. Las motos restauradas se comercializan entre 3.000 y 5.000 euros en el mercado de segunda mano, representando excelente relación valor-precio.
Pero donde realmente brilla es en la personalización. El chasis rígido, el motor fiable y el diseño clásico convierten a la CB 900 F en la candidata perfecta para una transformación café racer.
Estas transformaciones mantienen intacto el corazón original mientras lo envuelven en tecnología del siglo XXI. El resultado es una moto que honra su legado mientras defiende su presencia en carretera contra modelos actuales.
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